Entre marzo y julio de 2011 realicé un viaje, dibujando por países de la costa norte el norte mediterránea. Desde entonces, cada vez que traigo noticias de Nuestro Mar, me acerco de nuevo aquí, a contaros lo que he visto y dibujado Desde la Bañera



domingo, 5 de junio de 2016

Mazarrón. Primavera de 2016


Este año, la primavera ha sido loca en toda España, en Europa. Aquí, ahora, se nota menos.
No me ducho después del baño, creo que la sopa del mar es un buen alimento para la piel. Pero esta vez me pica el cuerpo. ¿Culpa de los cercanos invernaderos de tomates? Pasan los días  y ya me encuentro normal. Puede que fuera la falta de costumbre.
La sierra de Las Moreras se ve desde cualquier playa de la zona de Bahía; me gusta el poder de esas montañas. Desde el faro, el día es ventoso; plancha el mar y ventila los montes. Me gusta comprar pescado de la bahía, recién traído; hoy había unos deliciosos calamares; su sabor no tiene nada que ver con el que se compra en el interior. Junto a la playa de La Isla quedan restos de lo que fue una zona de procesamieto y carga de mineral para su transporte por mar, ya desde los fenicios; las colinas peladas, salpicadas de ruinas, me resultan muy evocadoras. Hay días que la playa de El Castellar da unos brillantes colores de cielo y mar. Hemos estado en Las alpujarras y visitado el monasterio budista de O Sen Ling; tocas el cielo. Unos pescadores se entretienen con sus cañas mientras empieza dorarse la tarde, en la playa de La Ermita.
Dulces sensaciones que llenan de encanto la estancia en esta parte del Mediterráneo.




martes, 13 de mayo de 2014

Pildoritas vitales


En los retratos de Micaela no estuve afortunado. Además, blogger se empeña en mostrar este, tumbado ¿?


En Semana Santa vine a Mazarrón con Carmelo Argáiz y su familia. Hacía tiempo que no convivía con niños. Y puede que de descentren un poco, si no estás acostumbrado. Pero estos, Micaela y Daniel, son tan vitales, ingeniosos, ávidos de aprender, preguntar, probar, comentar, y yo tenía tanto tiempo, que lo pasé muy bien con ellos y con sus padres.

Aún con la resaca de un larguísimo proyecto, un mural para la ESDIR, el juego de estos críos con la Vida, con todo lo que les rodeaba, lejos de cansarme, fue un regalo para el tiempo de ocio y pasividad que me tocaba disfrutar.


Lo Pagán. Zona de las Charcas, donde se toman los lodos.

Museo del Mar (en rehabilitación) Uno de los pocos edificios tradicionales que quedan en Lo Pagán


Más tarde, en mayo, he estado en Lo Pagán, para probar los lodos de sus Charcas. Toda una experiencia que quiero ahondar.
Como en casi todo el litoral del Levante español, el turismo ha devorado su identidad urbana. Pero las planísimas perspectivas de las salinas y su Charquito (así llaman al mar Menor) mantienen intacto su poder de seducción.

Termino pidiéndoos disculpas por el exceso de saturación de las imágenes, ahora que las veo en una pantalla distinta de cuando las procesé. Es lo que tiene mi actual vida errante.

lunes, 17 de febrero de 2014

Volviendo de las Cícladas

Atenas. La Acrópolis desde el Ágora.


Marisa y Pepe comiendo en el chiringuito de la domatia, fundidos sobre los montes de Kalamata (Ilaeira?)

Kalamata. Puesta de sol desde el balcón de la Domatia


Pepe en el vuelo Kalamata-Bergamo

Bergamo Alto desde la estación de tren. Cristo de Santa Maria Maggiore

Milán. Chica-anuncio de Transfer a Bergamo Aeropuerto. Viajeros en el tren Milano-Bergamo

Bergamo. Elina Duni en Santa Maria Maggiore
Esperando la salida de Bergamo a Madrid

Athens, Kalamata, Bergamo, Millano, Madrid


10 de octubre de 2013. Syros fue la mejor despedida de las Cícladas. El resto de los días fue derivar hacia nuestro origen respectivo. Atenas, Kalamata, Bergamo y allí nos separamos, porque Marisa y Pepe volvían a Argentina.

En Atenas, una suerte dar con el Hotel Cosmos. Fuera de lo más turístico, en un barrio tranquilo, de emigrantes bien situados. En otro tiempo fue un lujo de hotel y lo grande es que aún conserva la uniformidad en su mobiliario cincuentero y extensos suelos de mármol. Y con unos precios interesantes.
Por lo demás, encontré la ciudad más triste que nunca. El centro invadido por la pobreza y la mala vida. Y la zona arqueológica, evocadora, impresionante. Como siempre. Un apunte desde el Ágora antigua era inevitable. Me gusta mucho pasear por allí.

Tras poco más de 24 horas tomamos un autobús a Kalamata, destino turístico próximo a Esparta, con vuelos de Ryanair. Tres horas y media, pasando por el canal o, al menos, lo que parecía un ramal del mismo, y la impresionante Antigua Corinto. Una enorme peña calva surgiendo en la llanura y literalmente coronada por la vieja muralla aquea. Y luego los montes y enormes valles peloponesos.

Kalamata sí vive del turismo. Sus aceitunas exquisitas, su vino, no parecen ser más importantes. Llegamos la víspera de nuestra salida a Bergamo y aprovechamos para darnos un baño, alojados en una domatia frente a la playa. Y también para comer un buen pescado a la parrilla. Todo aprecios de fuera de temporada. Allí dibujé a Marisa y Pepe. Y luego se me ocurrió pintar sobreimpreso, el imponente monte (¿Ilaeira?) del fondo. A alguien le recordó al Rushmore. Tampoco era mi intención. Más tarde, no me pude resisitir a la sosegada puesta de sol.

En Bergamo nos despedimos de los primos. Nosotros nos quedamos un par de noches más y dimos una vuelta por Milán. Bergamo Alto es caro pero imprescindible. Y, mira, nos despidió regalándonos un concierto de jazz en Santa Maria Maggiore. Se habían agotado las entradas y nos dejaron pasar gratis. Todo un detalle y un goce, la plenitud vocal de Elina Duni. Y así acabó nuestra vuelta de las Cícladas. Madrugón... Y Madrid en tres horas.


sábado, 4 de enero de 2014

Syros no vive del turismo

Nuestro primer té en Ermoupolis.



Dr. Lucas Morgan en  una agradable taberna de parroquianos, cerca del muelle deportivo.


Ambiente en la taberna en nuestro segundo día, con Adonis al bouzouki y voz.


Adonis toca entre parroquianos y  personal de la taberna, que acompañan.


Marisa en una taverna del barrio judío, Ano Syros.


Taberna Alfonsou. Izquierda, Paula, la dueña y apunte de un espontáneo que baila. Derecha, músicos.


Detalle de los músicos. Al fondo, espejo reflejándonos a los cuatro: Pepe, Marisa, Charo y yo.


























Syros no vive del turismo, 
pero Ermoupoli es una de las ciudades más bellas de las islas.
Y sin embargo es tan bella o más que cualquiera de las visitadas anteriormente. Al menos su capital.

7 de ocrubre de 2013. El desdembarco en Ermoupoli es impresionante. No me quise poner nervioso pensando que no me daría tiempo de dibujar la compleja y bella vista de la ciudad. Sus primeros 200 m. después del muelle, son planos y embaldosados de mármol blanco. Después la ciudad se va dividiendo en dos hermosa colinas piramidales, cubiertas de casitas cúbicas y coronadas con sendos templos, cristiano y ortodoxo. Espectacular.

El barrio judío, Ano Syros, en la pirámide izquierda, desde el muelle, tiene un carácter muy personal. En una de sus tavernas, familiar, acojedora a más no poder, dibujé a Marisa. Pero antes, ya habíamos comprobado la simpatía de los Syrios.

No recuerdo el café donde dibujé la tetera, pero sus dueñas eran muy cálidas. Y en esa taverna de compadres cuyo nombre no puedo ni volver a escribir, allí estaba el doctor Lucas Morgan, un irlandés asiduo del local, que fumaba sus Cohiba en cachimba. Allí, disfrutando de la espontaneidad griega, su naturalidad, su hospitalidad. Como nosotros, recién llegados. Y quedamos para otro día, porque Adonis nos prometió que acudiría con su bouzouki y cantaría. Así que después de dibujar al Dr. Morgan, reservé la página de la derecha para la siguiente cita en que completé un cuadro de lo más animado.

Vimos esa Grecia donde la gente se arranca a cantar y bailar, no solo ahí. También en la taverna Aldonsou, frente al muelle pesquero, donde entramos por casualidad al bajar de Ano Syros. Allí el espectáculo, con músicos ya previstos, fue impresionante. También la generosidad de los dueños que (lo mismo quie en la anterior taverna), solo por verme dibujar aquello, nos regalaron vino, ouzo y postre. Una noche inolvidable (y confieso que, después, terrible, porque la resaca del ouzo es criminal).

Me llevé la pena de no dibujar la ciudad en sí, tan peculiar, tan bella. Tendré que volver.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mykonos y Delos

Puerto viejo de Mykonos, desde la terraza del Hotel Lefteris.

Izquierda: Hotel Lefteris. Centro: Plaza con iglesia en parte antigua. Derecha: Vassilis, marinero de Mykonos.

Izquierda: chapa de llavero que dice: Mykonos fucks Ibiza. Derecha: callejuelas del centro antiguo. 


Visitantes volviendo al ferry, en la Isla-museo de Delos.

Boda popular en el corazón de Mykonos

Puerto nuevo de Mykonos. Desde el ferry a Syros, esperando para zarpar.

Es cierto que en español, Miconos se escribe de otra forma, pero si desde el griego lo traducen así...
Qué bueno, viajar fuera de temporada! A Mykonos llegamos sin saber dónde íbamos a alojarnos. Alguien nos dio la pista y aterrizamos en el Lefteris, un hotelito familiar en pleno centro, a unos cuantos escalones de la plaza de los taxis y del puerto viejo. Kostas, el dueño, lo lleva junto con su mujer y su hija. Los tres muy acogedores. Tras el primer desayuno (muy completo, por 6 €) me quedé en a la terraza, porque la vista es una delicia.

El resto de la visita fue deambular por la ciudad, no sabría decir si más bonita o más turística, incluido el tufillo ibicenco. En una tienda de regalos encontré un llavero con esta inscripción en su placa: Mykonos fucks Ibiza. Por supuesto, nada serio. Solo parte de la coña.

Retraté a Vassilis, un marinero con quien charlamos en un souvlaki. También algunas callejuelas, pero no lo más encantador, porque si vas en grupo, siempre te corta aislarte del ritmo general.

En medio de la visita, una escapada a la isla-museo de Delos, que fue la Suiza de la era clásica. Impresionante. Pero vale la pena que te lo expliquen, para darle sentido a todo ese montón de ruinas; hay guías que hablan en español. Allí acudían todos los magnates del mundo conocido y por allí pasaban todas las riquezas. Y, claro, fue la cuna de Apolo, el dios Sol. Porque, ¿hay algo que resplandezca más que el dinero y el sol?

La última noche en Mykonos tuvimos la suerte de presenciar la salida de una boda. Sencilla, popular. Entrañable. Allí, esperando afuera, hacían música dos acordeonistas y creo que algún instrumento más, puede que incluso coros. Suerte que tardaron en salir los novios. Así pude ir dibujando la escena que acabé en un boleo y con un poco de retentiva, cuando hicieron su fugaz aparición. Colorearlo in situ habría sido un milagro y me da pereza hacerlo de memoria o de una foto.

Al puerto nuevo vale la pena pagar 8€ por un taxi. Pero cerca hay barcobuses que también te arriman.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Naxos

Salida de Donousa, con luz aún tenue. Escala técnica entre Amorgos y Naxos.

Detalle con el puerto de Donousa, única población apreciable desde el ferry en una isla que parece desértica.

Pepe Segura reflexiona. Castro y muelle de Hora (Naxos), al fondo.

Ermita bizantina primitiva de Agios Georgios Diasoritis, entre las huertas de Halki (Naxos).

Joven de Naxos y Kouros de Apollonas.


Detalle del joven apolíneo, de impresionante perfil helénico.



Vista del castro de Hora (Naxos) mientras esperamos durante 1h. al "ferry rápido".
























































Naxos. Cícladas

1 de octubre. Entre Amorgos y Naxos, hicimos escala en el puerto y único poblado de Donousa que, situado en una esquina, producía una curiosa composición con el resto desértico de la isla. 

Naxos tiene un precioso castro, articulado por una complicada red de callejuelas de subida de las que no pude llevarme ni un apunte, por deferencia a mis compañeros de viaje. Pero aproveché para retratar al primo Pepe el mismo día de la llegada, con el barrio al fondo, como recordatorio. Por la noche, también en el castro, un delicioso concierto de Mikis Theodorakis.

Al día siguiente salimos de Hora (¿Por qué se llaman así todas las capitales de estas islas?) con un coche de alquiler, aprovechando que los encuentras por 25€/día y no hay que repostar con más de 12 o 15€ para recorrer lo importante de la isla. Nosotros olvidamos las playas y nos concentramos en la montaña. Halki no era tan pintoresco como decía la guía, aunque sí tiene un recorrido entre huertas, realmente apetitoso, bello e instructivo. Pero en lo urbano me gustó más Apiranthos, con ese carácter recio de pueblo montañés.

En Apollonas, además de playa-puerto, hay un Kouros  inacabado, allí, en la misma cantera, y no quise dejarlo escapar de mi cuaderno. Y en la página anterior, ya de vuelta en Hora, aproveché la página en blanco junto al kouros, para acompañarlo de un joven heleno que desayunaba con su novia frente a nosotros, el tercer y último día en la isla.

Algo después esperábamos al ferry rápido para Mykonos. Hace la travesía en la mitad de tiempo, una hora. Pero tardó otra en zarpar! ¿Qué os parece?

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domingo, 10 de noviembre de 2013

Amorgos. Panagia Chozoviotissa

Iglesia en Hora, Amorgos. Apunte mañanero, antes de salir para el monasterio

Hora, temprana. Otro apunte mañanero.

Bajada al monasterio a pie, desde Hora. Panagia Chozoviotissa está a la vuelta de la esquina.

Panorámica de Panagia Chozoviotissa, enclavada en un corte de montaña que va directamente al mar.

El abad de Panagia Chozoviotissa charlando con antigua compañera de primaria

Detalle del monasterio, al volver.

Charo en la terraza del restaurante Liotrivi, en Hora. (Estupenda cocina local y buenos precios). 

Brumosa salida de Amorgos por Aegiali, en la madrugada del 1 de octubre




Truco, espacio separador, texto en blanco
30 de septiembre. En realidad, el motivo principal de la escala en Amorgos era visitar el curiosísimo y bello monasterio de Panagia Chozoviotissa. Algo así como San Saturio, en Soria, pero al extremo. Os recomiendo la ida a pie desde Hora (la vuelta, mejor en bus). El paisaje es espléndido y cuesta abajo, hasta la entrada. Luego son miles de inevitables escalones, pero con permiso de parada. Además, se compensan con los dulces y aguardiente de bienvenida.

Aproveché la misma para retratar al abad, que conversaba con una antigua compañera de primaria. Muy jovial el padre Spyridon, pero me dijo que no le gustaba el retrato, que parecía más un apunte que un cuadro. Claro, acostumbrados a los iconos.

No hicimos mucho más en Hora. Comer en el restaurante  Liotrivi (excelente) y marchar. Pero nos quedó un buen recuerdo.

 Dormimos en Aegiali, para salir al día siguiente a las 6:55 hacia Naxos. Katápola y Aegiali son los dos puertos de Amorgos. No muy interesantes, comparadas con Hora, pero no están mal para quienes quieren ambiente de puerto y playa. Nosotros entramos a la isla por Katápola y salimos por Aegiali. Haciéndolo así, el viaje de Santorini a Naxos resultó un evocador recorrido por las Cícladas Menores, que era como un crucero a lo pobre.