Entre marzo y julio de 2011 realicé un viaje, dibujando por países de la costa norte el norte mediterránea. Desde entonces, cada vez que traigo noticias de Nuestro Mar, me acerco de nuevo aquí, a contaros lo que he visto y dibujado Desde la Bañera



jueves, 16 de junio de 2011

Salonica y Simonos Petras


Dos imàgenes de café en Salònica.

Salonica. Arco de Galerius.



Juan y Yiouli, mis anfitriones en Salonica.

Estefanos, un peluquero de buen gusto que trabaja en Studiohair.


Atardecer en Ouranoupolis, unico punto de partida para Monte Athos.

En Ouranoupoli tambièn hay Tio de la Vara.

Griegos cenando en Ouranoupoli.

Frailes en el ferry a Monte Athos.





En Monte Athos abundan las fuentes para refrigerio de los peregrinos.

Apunte de mirador en Simonos Petras.

Fraile toma una pasta en Simonopetra.



Imàgenes del monasterio de Simonopetra y una de la fuente camino a Diounisiou.

A Salònica iba de paso, pensando en salir enseguida para Ouranoupoli. Pero tuve que hacer un hueco en mi mochila y en mis previsiones para que cupiera lo que me regalaba la vida a cambio de las cuatro cosas perdidas y que crei imprescindibles. Porque Salònica es una ciudad muy normal y eso te hace sentirte normal de nuevo, si ademàs tienes a quien te ponga al dia y te ensenie la impresionante marcha nocturna de la ciudad.

Que nadie se pierda las cenas en las tabernasde los barrios con vinarro y unos guisos de muerte. Alli retraté a Juan.

Conoci a Stafanos en Studiohair. El y sus companieros me ayudaron mucho con la desafortunada mochilita.

Ouranopolis es la unica puerta de acceso a Monte Athos. De alli parten los barcos que te llevan a esa especie de estado monacal ortodoxo. Eliges el destino entre màs de 20 monasterios. Yo empecé por Simonos Petras que era el màas espectacular. Se bajaron conmigo un fraile y dos contratistas que subieron cuesta arriba mientras me quedaba rezagado admirando, dibujando, lavando mi ropa en una fuente y creo que mis pecados, en ese rincòn limpisimo del Mediterraneo donde el nudismo tiene que ser, a la fuerza, una oraciòn.

Me recibieron en el monasterio con aguardiente, agua y unos dulces de morirse. Calmè su sorpresa por mi extrania hora de llegada, explicando que me quedé dibujando abajo.

Aun me pregunto que hay en un monasterio tan grande. No hay muchos monjes y la vida en estos sitios es rezar desde las 4a.m. Las iglesias intimas, oscuras y cargadas de oro, te hacen sentir de forma especial. Me acordé de Tanizaki en El Elogio de la Sombra donde dice que el oro da lo mejor de si en la oscuridad.

Solo pude estar una noche. Es dificil quedarse màs. Alli no van turistas. Van peregrinos. Y muy religiosos. Medité mientras rezaban, disfruté de la comida vegetariana y austera, pero sabrosa y ecologica al maximo. Dibujé lo que quise y me fui andando al siguiente. Os lo cuento en el pròximo capitulo.