Entre marzo y julio de 2011 realicé un viaje, dibujando por países de la costa norte el norte mediterránea. Desde entonces, cada vez que traigo noticias de Nuestro Mar, me acerco de nuevo aquí, a contaros lo que he visto y dibujado Desde la Bañera



domingo, 24 de abril de 2011

Las sirenas de Ítaca

Tres sirenas de Ítaca: Charo, Frida y Telxínoe.


Mar de calella tras una higuera.

Costa de Calella tras un curioso árbol.

Más costa se Calella.

Port de la Selva desde Monasterio de San Pére de Rodes.

San Pére de Rodes.


Otra vista de Port de la Selva desde el monasterio

Detalle de Port de la Selva desde el monasterio.

Playa de Port de la Selva.

Frida.

Santa Maria de Cadaqués.

Bahía de Port Lligat.

Clientes de un café argelino en Montpelier.

Calle de Montpellier.


Playa de Setes (Francia).

Lo malo o lo bueno de desviarte de la ruta es que, a veces, no recuperas el camino. Regresé a Ítaca (Logroño) en un flash break y una sensación deliciosa dio vuelta a mis planes. Charo, mi mujer, Frida, nuestra perrita y Telxínoe, amiga de siempre, estaban dispuestas a acompañarme por un tiempo. Rompo el billete para Atenas porque vamos a bordear la Costa Azul con el Suzuki. Los cuatro. Y antes de esto, en San Sebastián, las musas del sketch, esas personas queridas, mujeres y hombres con las que comparto pasión(para qué ser sexista, si en cuestión de dibujos , seducen por igual). Con ellas, con ellos, disfruté por adelantado del 32 sketchcrawl.
Tras 600km de Suzuki, en Calella dimos un precioso paseo después de pasar la noche en casa de unos buenos amigos.. Luego subimos al monasterio de Sant Pére de Rodes, con unas vistas increíbles de Port de la Selva. De Cadaqués me llevé la iglesia de Santa María, aunque con prisas, y en Port Lligat, una pequeña nota de su bahía y el espectáculo triste de visitantes en procesión que torcerían el gesto ante dalíes de hoy.
De Montpellier me interesó más el barrio musulmán que su reluciente neoclasicismo, aunque algunas calles de edificios altos y estrechos, como los del dibujo, nos convencieron para sentarnos ante una cervecita nocturna. Setes forma una colina salpicada de verde y casitas que vimos cuando ya nos íbamos, después de tomar un apunte de su playa. Y en Arlés me subió la fiebre, como podéis imaginar si habéis estado. Pero eso ya es de otro capítulo.
Este lo acabo pidiéndoos disculpas por dos cosas. La primera por mi tardanza en publicar, a quienees os tenía acostumbrados a una frecuencia de, al menos, una vez por semana. Hasta en La Bañera se está a merced de vientos y mareas. La segunda, por la calidad de las imágenes obtenidas casi siempre con cámara y al aire libre y editadas desde la pantalla de un mini portátil en la que se ve bien poco.