Entre marzo y julio de 2011 realicé un viaje, dibujando por países de la costa norte el norte mediterránea. Desde entonces, cada vez que traigo noticias de Nuestro Mar, me acerco de nuevo aquí, a contaros lo que he visto y dibujado Desde la Bañera



viernes, 8 de abril de 2011

En Napoli con Simo

Hornacina en Nápoles, de la que he encontrado el dibujo de otro viajero (Y mira que hay..!).

Nápoles desde la terraza de Simo, con sus alumnas.


 Cementerio delle Fontanelle
Otro lado de Nápoles, desde la terraza de Simo, con el Vesubio y la cúpula de Plebiscito 
Casa en las afueras, desde Le Fontanelle


Carrito reciclado para reciclaje y perspectiva en el Quartiere della Sanitá



Castel dell'Ovo

Peces vivos a la venta.

Mastín en Galleria Umberto I

Luigi

Chiringuito de casquería al limón.

Nápoles es casi excesiva. En tráfico, gente, actividad, edificios enormes. Todo en grado superlativo. Se me habría echado encima de no ser por la hospitalidad de  Simonetta Capecchi, la corresponsal allí de  Urban Sketchers. 
Una tarde la pasamos dibujando con sus alumnas en esa magnífica terraza que tiene, desde la que se domina toda la ciudad. 
Otro día fuimos al cementerio delle Fontanelle, donde se acumulan cráneos y huesos de más de 200.000 personas, la mitad de las que arrasó la peste en el XVII. Fue muchos años usado como lugar secreto de culto y la gente robaba calaveras  para para tenerlas como reliquias personales e implorar. Aún hoy cuelan algún exvoto, una barbi, monedas.... para conjurar la buena suerte. Bajamos luego por el barrio pobre de La Sanitá, centro histórico, Quartiere Spagnolo y otros sitios absolutamente variados e interesantes. Palacios increíbles, mezclados con vida vida popular, con barrios chic...
Un tercer día estuvimos  en el paseo marítimo.
El sosiego natural de Simo y sus generosas explicaciones fueron el mejor complemento de una estancia que, de otra manera, habría resultado dura y la mitad de interesante. Pero lo mejor fue ver algunos de sus originales, donde se aprecia de verdad la delicadeza y riqueza de su trabajo. 
Me despedí de Nápoles con un mastín que, sentado en las escaleras de una impresionante galería cubierta,  me recordó a los bien tratados perros de Pompeya. Luigi, viéndolo, me dijo que le dibujara a él. Sabía que me quedaría sin el original, pero la inocencia con que lo pidió me hizo ceder enseguida.
Luego cené casquería con limón y una especie de rúcula, en un curioso chiringuito, en una terraza junto al mar.
Genial.